Quizá no la conozcas por su nombre, Cristina Ruiz Montesinos pero seguro que sí lo haces por su proyecto: Casilda se casa. La empresaria, entonces estudiante de periodismo, fundó un blog en 2008 como trabajo para una de sus asignaturas. “La elección fue una casualidad”, nos explica vía telemática. Lo que comenzó como un espacio de inspiración para novias acabó convirtiéndose en una de las cabeceras de referencia del sector nupcial.
Ruiz consiguió que este diario estuviera alojado en la web de Vogue, luego pasó a ser coordinadora de Vogue Novias, y después consultora editorial de Hola Novias, hasta que un día se independizó y Casilda se casa se mantuvo como un medio independiente. Además de colaborar con marcas de lujo, como Ansorena o Cartier, es también directora del Diploma Vogue en Wedding Planner: Diseño y Organización de Bodas y Eventos. “Cuando empecé, aprendí sobre la marcha, sin escuelas ni referentes claros. Siento que ahora estoy viviendo una etapa interesantísima como directora: la experiencia de entonces es lo que intento transmitirles ahora a quienes empiezan”.
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Cuando Ruiz entra a un aula, siente que aquellas personas que tiene delante están decidiendo su profesión; y eso es una responsabilidad y, a la vez, un privilegio. “En mis inicios no había escuelas ni una carrera definida para esto. Aprendí preguntando, equivocándome y, más tarde, ejerciendo de coordinadora de Vogue Novias y consultora editorial de Hola Novias. Cuando sentí que ya tenía un criterio propio, me pareció natural compartirlo para que quien viniera detrás no tropezara con las mismas piedras”, nos explica.
Ha construido su visión buscando referencias de otros mundos, no solo del nupcial: del cine, del espectáculo, de la cultura… “porque el estilo de verdad no sale de repetir tendencias”. Esa forma de mirar el mundo es fundamental para crear un estilo propio y no encasillarse en el sector. Aunque Ruiz enseña a entrenar la mirada, considera crucial la práctica. “Claro que es sencillo hacer un curso de moodboards e inspiración, pero lo verdaderamente complicado es tener experiencia con los proveedores, saber cómo tratar a los novios. No todo depende de tener buen gusto, también hay que saber sobre gestión, tener criterio y capacidad de resolver bajo presión, controlar los presupuestos, lidiar con los tiempos y las crisis de última hora”, nos resume, coincidiendo con el material didáctico del diploma.

“La diferencia entre aprender de forma autodidacta y aprender a través de una formación son los errores que uno se ahorra. En el diploma intentamos que esos tropiezos se conviertan en casos prácticos y en aprendizaje guiado, para que cuando se enfrenten a su primera boda real no sea la primera vez que vean un problema parecido”.
Ruiz suele repetir que hay dos sectores que "siempre serán un negocio": las bodas y los entierros. De ahí su convicción de que el universo nupcial seguirá evolucionando, pero difícilmente desaparecerá. La lección que también transmite a sus alumnos para permanecer en este sector es sencilla: cuidar los detalles. “No hay que perder de vista que detrás de cada boda hay personas, no solo una estética que lucir, y que la paciencia y la organización valen más que cualquier inspiración, porque la creatividad sin estructura no sostiene un proyecto real”.

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