Lo que empezó como una decisión rápida y un simple inicio de conversación - "Me voy a Londres tres meses"- se ha convertido en un recuerdo vívido, como un carrete de película reproduciéndose. Estudiar Comunicación de Moda en Vogue College of Fashion fue una experiencia profundamente única que influyó en mi crecimiento personal y creativo.
Es extraño cómo algo que una vez te pareció tan fuera de tu zona de confort puede convertirse rápidamente en parte de la vida cotidiana. Cuando llegué a Londres procedente de Australia, con 18 años y a 16.000 km de casa, la ciudad me parecía enorme y desalentadora. Incluso algo tan sencillo como cruzar la calle me parecía una habilidad que tenía que aprender. Estaba nerviosa y emocionada a partes iguales cuando me adentré en una ciudad que aceptaba la creatividad como carrera profesional y me metí en un curso dirigido por profesionales del sector.

Me sumergí en el pulso de la industria de la moda y me encontré en situaciones que nunca hubiera imaginado posibles. Un momento destacado fue asistir a un acto de Vogue College Presents con Harris Reed, Director Creativo de Nina Ricci, en conversación con la periodista Susie Lau. Mientras me relamía en silencio, escuché a Reed hablar con franqueza sobre la identidad, la creatividad y la autoexpresión. Me recordó por qué me atrae tanto la moda y me reafirmó en que dar el valiente paso de salir de casa merecía la pena.
Aunque el campus histórico del siglo XVIII en Bedford Square fue inspirador -especialmente cuando nuestro profesor, Timothy Rennie, nos animó a abrazar nuestro entorno y capturarlo de forma creativa-, fueron los momentos pasados explorando más allá del campus los que realzaron mi experiencia. Las excursiones, como nuestra visita a la National Portrait Gallery para la exposición The Face Magazine: Culture Shift, revelaron una de las mayores ofertas de Londres: el acceso constante a museos y galerías que actúan como fuente de creatividad.
Uno de los aspectos más gratificantes de estudiar en el Vogue College fueron los proyectos en los que participé. En lugar de aprender teoría, la aplicaba. Tuve la oportunidad de desarrollar una marca que reflejara mi personalidad creando algo desde cero. También creé una cartera con la orientación de profesionales que ofrecieron a nuestra clase perspectivas del mundo real. Estos proyectos me empujaron a crecer creativamente y me permitieron explorar una variedad de áreas dentro de la industria de la moda.

En las aulas surgieron amistades que consistían en risas constantes, conexiones que se extendieron más allá de nuestros estudios. Desde charlas en parques, saltos de café entre clases, salidas a musicales del West End y viajes por carretera a la playa con la esperanza de curar mi morriña, todos se han convertido en recuerdos fundamentales de mi estancia en Londres. Aunque procedemos de distintos rincones del mundo, todos compartimos un vínculo de ambición creativa. Es raro conocer a gente de todo el mundo que te resulte familiar al instante, y esto hizo que la experiencia fuera aún más especial.
Recuerdo encontrarme atrapada en una contradicción, ansiosa por volver a casa, pero no del todo preparada para marcharme. Me reconfortaban las amistades que había hecho y la rutina a la que me había acostumbrado. Londres, la ciudad que antes me intimidaba, había empezado a resultarme familiar. Fue entonces cuando me di cuenta de que ya no estaba sólo de visita. Ahora, lo que echo de menos son las pequeñas cosas, como mis paseos matutinos diarios por los lugares emblemáticos de Londres.
Mientras reflexiono, me doy cuenta de que la decisión de trasladarme a Londres -tomada con la esperanza de hacer algo significativo en mi año sabático- seguirá siendo una de las decisiones más determinantes que he tomado nunca. Esta experiencia ha dado forma a cada paso que daré en el futuro.
Mi estancia en el Vogue College no sólo me impulsó creativamente, sino que también me ayudó a aclarar mi dirección académica y profesional. Aunque inicialmente me interesaba el periodismo, estar inmersa en un entorno tan dinámico me abrió los ojos al mundo más amplio de la comunicación de moda. Mi paso por este programa no puede definirse como un capítulo de mi vida, sino más bien como un punto de inflexión, ya que espero volver al Vogue College en el futuro.
La chica que entró nerviosa por las puertas del Vogue College aquel primer día no era la misma que se fue. Me he convertido en alguien que nunca habría imaginado: más segura de mí misma, curiosa, optimista y, lo que es más importante, alguien que domina la habilidad de cruzar la calle. Ése es el verdadero regalo de mi estancia allí: No me limité a estudiar moda, sino que aprendí de verdad a vivir.
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